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EUROPEOS Y AMERICANOS ANTE LA CRISIS

08/10/08 - Actualidad Económica

Bear Sterns, Fannie Mae, Freddie Mac, AIG, Lehman Brothers, Wachovia, Washington Mutual... La lista de entidades quebradas o salvadas in extremis comienza a ser interminable, pero lo peor –desde una perspectiva española– es que el desfile de heridos graves comienza a tener nombres europeos. La nacionalización de hecho de Fortis y el salvamento de Dexia e Hypo AG demuestran que la crisis bancaria ha llegado a Europa.

¿Afectará a España? Sería un milagro que no fuera así. El sistema financiero es sólido, algunos bancos como Santander tienen músculo para comprar las ruinas de la crisis, pero la morosidad crece rápidamente y las cajas españolas están más expuestas que nadie a un sector inmobiliario en suspensión de pagos.


Los primeros síntomas del fin de la burbuja inmobiliaria en EEUU aparecieron a mediados de 2006, pero la crisis tardó otro medio año en llegar a las entidades más expuestas a los activos hipotecarios subprime. Las primeras en sucumbir fueron el Northern Rock, en el Reino Unido, y Bear Sterns, en EEUU.

Bear Sterns, quizás el más agresivo y rutilante de los bancos de inversión de Wall Street, fue salvado in extremis de la quiebra mediante su compra por JP Morgan con ayuda de la Reserva Federal.

Unas semanas antes, en febrero, el Gobierno británico había nacionalizado “temporalmente” el Northern Rock (NR), una estrella del sistema financiero británico, que ya había recibido una ayuda excepcional del Banco de Inglaterra en septiembre de 2007, justificada porque, según las autoridades británicas, el NR era “solvente”, su capital “excedía los requerimientos legales” y sus activos eran de “buena calidad” (sic, según un comunicado oficial de entonces).

Las dudas sobre Fannie Mae y Freddie Mac se plantearon inmediatamente –tenían las mayores carteras de subprime de todo el sistema financiero USA– pero su intenso trabajo de lobby ante el Senado y el Congreso, las repetidas garantías de sus ejecutivos de que todo estaba bajo control y la comprensible preferencia del Tesoro por evitar la intervención y buscar otras soluciones consiguieron alargar su enfermedad terminal unos meses más.

Entre abril y julio las cosas parecían bajo control con la ayuda de la Reserva Federal que, por una serie de procedimientos, algunos totalmente heterodoxos (como quedarse con “activos tóxicos” a cambio de títulos del Tesoro) consiguió ir tranquilizando a los mercados: habría liquidez suficiente para todos a bajo precio y las entidades podrían desprenderse de parte de sus activos de mala calidad cediéndolos a la Reserva Federal. Disminuyeron los spreads –diferencial– de tipos de interés indicadores de tensiones de liquidez y de riesgo y parecía que el peligro de nuevos estallidos se iba alejando.

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